
Cuatro horas antes de su concierto, el líder de Metallica, James Hetfield, de 43 años, se presentó en una carpa del festival para un encuentro con cinco medios. Hetfield es un tipo que, en las distancias cortas, impone casi más que subido a un escenario. Luce una frondosa perilla pelirroja y se ha vestido con una camiseta con la imagen de Cliff Burton, el bajista de Metallica que murió en 1986 en un accidente de tráfico cuando quedó aplastado por el autobús de la gira. "¿Todos los periodistas que estáis aquí sois de medios rockeros?". "Sí", mentimos algunos para no alterar a la fiera. Después, Hetfield despachó buen humor, incluso cuando se tocaron algunos asuntos incómodos, al preguntarle si todavía necesita a un psicólogo, como se ve en ese imprescindible documental Some kind of monster, la mejor y más valiente historia filmada sobre un grupo de rock con tantas grietas que parece imposible su reconstrucción. "¿Tú crees que necesito un terapeuta en este momento?". Sí. Hetfield te responde esto y mirándote a los ojos sin pestañear, ya queda todo aclarado. Después, comenta, también sobre este documental donde el grupo deja que las cámaras filmen (absolutamente) todo justo en el momento en el que se dan asco los unos a los otros: "Lo he visto un par de veces y, la verdad, no es muy cómodo verse a uno mismo perdiendo los papeles. A ti tampoco te gustaría verte en vídeo cuando has tenido una bronca con tu madre. Pero creímos que era importante dejarnos filmar". Hetfield da la impresión de estar en esa etapa en la que ha conseguido encerrar bajo llave a alguno de los muchos demonios que le acechan. Ya sobre el escenario, Metallica se concentró en ofrecer un espectáculo repleto de sus canciones clásicas. Los californianos llegaron fuera de temporada, sin disco nuevo (se publicará en septiembre) y descargados, por tanto, de la obligación de difundir canciones todavía sin rodar. El público, claro, encantado. Sonaron Enter sandman, One, Seek and destroy (con la que cerraron un concierto de más de dos horas) o los más de ocho minutos de Master of puppets. A la altura de Nothing else matters, Jesús, un chaval de 22 años, lloraba. Su novia miraba la escena con complacencia: " Cuando nos casemos sonará en la ceremonia". Entre los seguidores menos apasionados había división de opiniones: "A mí me gustaron más en el 96 en La Peineta"; "pues yo creo que estuvieron mejor que el año pasado en Bilbao...". ¿Una opinión nada interesada? La constatación de que Metallica juega en una liga muy superior a la de sus compañeros de festival (Machine Head, Within Temptation e incluso Rage Against The Machine), pero la vida no es siempre un 3-0 en casa y ante el equipo que odias.
FUENTE: ElPais








0 frikicomentarios