La pesadilla está olvidada. Hoy Rimax, la empresa gestionada por Kim y su hermano Erik, solo genera el 4% de su cifra de negocio, de nueve millones de euros, con las duplicadoras de discos ópticos y lápices de memoria. El grueso, el 70%, proviene de la comercialización de equipos informáticos y de ocio digital con su marca (como discos duros, reproductores o altavoces). Y el resto procede de dos líneas de producto de prometedor futuro: los equipos de acceso biométrico --leen las venas de las manos-- y los de videovigilancia.
"En su momento fuimos pioneros llevando las duplicadoras a las tiendas. Y ahora lo estamos siendo al situar nuestros equipos de biometría y de videovigilancia por IP --internet-- o videoconferencia en el canal detallista", explica Kim. Se trata de productos de mucho más valor, por supuesto, que los cederrones y DVD vírgenes que comercializaba en el pasado: "Llegamos a vender 40 millones de discos ópticos en un año, pero hoy no hay rentabilidad".
Kim Sorensen ha depositado mucha confianza en los kits de biometría. "La tarjeta magnética y la etiqueta de radiofrecuencia pueden cambiar de manos. Un dedo, no".
El gen empresarial habita en la saga de los Sorensen. El padre, danés, es empresario de obra civil (la madre es española). Kim, formado en Derecho, arrancó el negocio de las duplicadoras en 1993 junto a uno de sus hermanos, Peter, hoy desvinculado. Ánimo emprendedor no le ha faltado: en el 2000 aglutinó los esfuerzos de una docena de empresarios de toda Europa --todos ellos distribuidores de Philips-- para crear la central de compras Rimax, de la que acabó siendo el único accionista.

FUENTE: ElPeriodico








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