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¿Sabías que los cereales Kellogg se inventaron para combatir la masturbación?

domingo, 17 de agosto de 2008 en 8/17/2008 02:39:00 a. m.
Los cereales de desayuno, esas cajas de infame pienso azucarado con la marca Kellogg, son un invento de raíces profundamentes religiosas.

Su creador, el super puritano Doctor John Harvey Kellog, estaba convencido de que la dieta habitual de los americanos conducía irremisiblemente a la lujuria, a la masturbación y en general al pecado. Abogaba por la necesidad de cambiar unos hábitos alimenticios que según él conducían fatalmente al estimulo del deseo sexual y por tanto, toda clase de desgracias morales y físicas.
En su obra, “Plain Facts About Sexual Life” (1877), este buen hombre escribía:

“A un individuo que vive a base de cerdo, pan de harina fina, ricos pasteles y condimentos, que bebe té y fuma tabaco, le sería más fácil echarse a volar que tener pensamientos castos”

Para combatir tanta degeneración, Kellog concibió los cereales de desayuno, constituyendo seguidamente, junto con su hermano, la Corn Flake Company, que luego se convirtió en la Kellog Company, líder mundial en la actualidad en el negocio de proporcionar castos alimentos a la juventud mundial.

La actitud de Kellog hacia la vida sexual era muy sencilla, y se parece a la de aquel lacónico cura vasco con respecto al pecado: no era partidario.

Aplicaba estos principios a su propia vida. Declaraba que aunque llevaba 40 años casado, no tenía nunca intercambio sexual con su esposa. Y nunca compartió lecho con ella, aunque sí habitación.
Kellog era un furibundo enemigo del placer solitario, y puede decirse que realmente su odio hacia estas prácticas fue el motor clave de todos sus experimentos para crear un modo casto de comer y en especial de desayunar. Consideraba que “ni las plagas, ni la guerra, ni la viruela, ni enfermedades similares han producido resultados tan desastrosos para la Humanidad como el pernicioso hábito del onanismo (…) causante del cancer de útero, enfermedades urinarias, impotencia, locura y debilidad mental y física”. También promovía la circuncisión y la ablación química del clítoris como remedio parcial para los vicios solitarios.

Realmente, Kellogg no era un bicho tan raro como podemos imaginar. La norteamérica del último tercio del siglo XIX era un prodigio de puritanismo y fanatismo religioso. Eran los tiempos del terrible inquisidor Comstock (al que Kellogg apoyaba sin reparos) y de su colosal cruzada contra los preservativos, la pornografía y el amor libre. Esa marea de puritanismo llegó mucho más lejos en el tiempo de lo que se supone. Baste pensar que en Estados Unidos, hasta hace cuatro días como quien dice (creo que los años 40), el adulterio estaba penado en varios Estados... ¡con 5 años de cárcel!

Lo que no tengo claro es que si los cereales de desayuno, abrazados unánimemente por la sociedad norteamericana, cumplieron realmente el objetivo para el que fueron creados por el inefabl Kellogg. Me temo que si este hombre hubiese vivido para leer los Informes Kinsey de 1948 y 1953, se hubiese sentido muy decepcionado al comprobar que ni siquiera sus insípidos y castísimos copos de avena habían alejado a la sociedad americana del camino del mal y la condenación.

FUENTE: JoludiBlog
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