Dejan a un lado la audiencia de películas en la programación televisiva, sobre la que existen datos detallados y fiables que se publican semanalmente. Y fijan la atención en el cine, cuya audiencia requiere acudir a una sala y pagar una entrada o alquilar o comprar (o pedir prestada, o copiar…) una película, es decir, que requiere más deliberación que la de pulsar el mando a distancia de la tele.



FUENTE: Público








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