
El propietario se llama Luis Rodríguez, y su fórmula consiste en dejar entrar a estos botelloneros en su local, el pub Trapitos y Joyas de la calle Santiago de Chile. "Vienen con su bolsa llena de bebidas", reconoce Luis, quien les ofrece, además, "música, vasos de cristal con hielo, baños y un recinto en el que trabajan ocho personas".
A cambio, eso sí, los chavales "tienen que pagar cinco euros". Es decir, "en lugar de vender la copa, ofrezco el espacio". Y, según él, "esto funciona. Antes, con el botellón, los jueves no tenía gente en mi establecimiento, y ahora es uno de los días más rentables de la semana con diferencia. Gano cinco euros netos por persona", comenta.
La 'movida' ha cambiado
Quizá esta estrategia empresarial ayude a mitigar un poco uno de los problemas más graves con los que se encuentra la ciudad actualmente. Y es que el botellón y la movida nocturna aportan datos estremecedores, como que el hospital Clínico tuvo que atender a 832 menores y a 1.043 jóvenes de entre 19 y 24 años por intoxicación etílica durante el último año.
Esto por no hablar de los destrozos de mobiliario urbano que se suelen derivar de estas celebraciones, las toneladas de basura que se generan cada jueves y el ruido que tanto molesta y preocupa a los vecinos que no pueden dormir.
"Hay que darse cuenta de que la manera de salir de noche ha cambiado", comenta Luis Rodríguez. "En el año 98, lo que se llevaba era salir de copeteo. Ahora, sin embargo, el botellón tiene un anclaje muy fuerte, con lo que los locales, salvo muy pocas excepciones, se fueron quedando sin clientes los jueves por la noche". Así que no quedaba otra... "renovarse o morir...", dice Luis.
El jueves 9 de octubre se puso en marcha este sistema. Unos días antes, el dueño del pub Trapitos y joyas recibió en su local insonorizado a unos jóvenes universitarios: "Querían hacer aquí una fiesta de Paso de Ecuador, y les dije que no, pero les di a conocer mi idea, que venía pensando desde hacía días".
Estos chicos se encargaron de propagarla y darla a conocer, y "de ahí se produjo un efecto exponencial". Es decir, que aumentó cada vez más deprisa. Así, el 9 de octubre "vinieron 150 personas, que pagaron 4 euros por usar el local". Tres semanas después "ya se juntaron quinientos". Hoy la entrada cuesta 5 euros y sigue siendo un éxito a pesar de que "mi licencia es de pub, y cierro a las cuatro y media de la madrugada".
¿Por qué lo eligen?
Cuando habla del botellón, Luis Rodríguez dice que se deberían buscar soluciones más imaginativas a las que se han propuesto hasta ahora. Por su parte, "no me importaría fomentar que todos los dueños de los locales nocturnos hicieran lo mismo que yo. Para mí es un sistema rentable y que podría ayudar a arreglar el problema de las noches de los jueves".
FUENTE: ElCorreoGallego








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