Desheredado por buscar a sus padres biológicos

domingo, 12 de agosto de 2012 en 8/12/2012 01:00:00 a. m.
Desde que Vicente Martínez descubriera en 2011 que es uno de los cientos de 'niños robados' en España su vida ha cambiado radicalmente. La búsqueda de sus orígenes le ha conducido a la soledad más absoluta. Sus padres 'adoptivos' le retiraron la palabra, cambiaron la cerradura de su domicilio y suprimieron la autorización en sus cuentas bancarias. Fue, además, desheredado.

Vicente conoció este hecho tras el fallecimiento de su madre adoptiva. Ni siquiera pudo asistir a su funeral. Se enteró varios días después del deceso. Nadie se lo comunicaron a tiempo.

Para entonces llevaba cerca de nueve meses sin hablar con sus padres. Tras conocer que había denunciado su caso ante la Fiscalía, la que había sido su familia durante casi cuatro décadas le dio la espalda. Sus progenitores cambiaron la llave del domicilio, le retiraron cualquier potestad sobre sus ahorros. Y renovaron el testamento.




"
Mientras arreglaba los papeles de mi madre hallé otro testamento más reciente", explica. En él no se cedía bien alguno a Vicente, ni tampoco a su único nieto. Ni siquiera la legítima, que le correspondería como descendiente directo. "El asunto está todo recurrido y la Justicia ya está dando sus pasos. Parece que esto se va a reconducir", admite Vicente.

Comprado por 100.000 pesetas

A priori, la legalidad de esta acción está en entredicho porque a todos los efectos es el único vástago del matrimonio. Así consta, de hecho, en el Registro Civil, donde fue inscrito como hijo biológico. De forma ilegal.

Ilegal porque, según llegaron a reconocerle sus padres, en 1972 pagaron por él alrededor de 100.000 pesetas a un médico de la Clínica Casa de Salud de Valencia. En la operación, siempre en virtud de este relato, también intervinieron dos religiosos, un sacerdote y una monja. como intermediarios.

Por ahora, las pesquisas sobre el paradero de su madre biológica no han arrojado demasiados resultados. El centro sanitario niega conservar los libros de registro de aquella época y las escasas declaraciones de los implicados no han resultado concluyentes. De hecho, hasta ahora sólo ha testificado un cura, que a su vez remitió a una monja navarra ya fallecida.

El caso de Vicente es más complicado si cabe porque al tratarse de una inscripción directa no consta ninguna partida de adopción en la que figure alguna seña de identidad de sus verdaderos padres. Por lo que todas las pistas conducen a un callejón sin salida.

Aún así, Vicente no pierde la esperanza. Y ahora tiene motivos para confiar. ¿Qué ha cambiado? Al parecer, la Policía ha localizado a una religiosa que trabajaba en la clínica en los 70, cuyo testimonio podría resultar muy valioso. Además, su abogado pretende reclamar los registros del centro sanitario por vía judicial. Porque está convencido de que, como se ha demostrado en otros casos de 'niños robados', los documentos existen.




Pruebas de ADN


En paralelo, este valenciano de 39 años también ha incorporado su perfil de ADN a varios bancos especializados donde se cruza con los de otros hipotéticos afectados de todo el país en busca de similitudes. Es consciente de que las posibilidades de hallar un pariente de sangre son reducidas, pero quiere agotar todas las opciones, por remotas que resulten.

Por fortuna, el trato con su padre 'adoptivo', a quien asegura no guardar rencor, también ha mejorado. Tanto que es él mismo quien se encarga personalmente de sus cuidados. "
Ahora soy yo quien me encargo de él, le llevo la comida...", expone.

Los sentimientos, a pesar de todo, aún son contradictorios: "
Nuestra relación es cordial, aunque existe un cierto sabor agridulce. Lógicamente les estoy agradecido por todo lo que me han dado, pero no puedo olvidar que he sido engañado durante décadas, que me han ocultado la verdadera historia de mi vida".

Vicente Martínez admite que la búsqueda de sus raíces no está resultando tan sencilla como creía ("
Llevo casi dos años y pensaba que se resolvería en un par de meses") pero renuncia a tirar la toalla. "Sé que es como buscar una aguja en un pajar pero lucharé por encontrar a mis padres. Es algo que me falta y que necesito". Él sigue adelante.

FUENTE: El Mundo
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