Un hombre de 78 años trocea con un hacha 18500 kilos de leña en un mes

lunes, 27 de agosto de 2012 en 8/27/2012 11:00:00 a. m.
Adolfo Casal, un vecino de Callobre de 78 años de edad, lleva un mes picando leña, que amontona en su jardín. A principios de julio, un tráiler de más de 14 metros de largo dejó en la finca de enfrente de su casa 18.500 kilogramos de madera de roble procedente de un aserradero de Lalín, al que con anterioridad Adolfo había encargado la madera.

Dolores Crespo, su mujer, asegura que "tuvimos que pedir permiso a un vecino para que nos dejara amontonar los troncos en su finca porque el tráiler no daba entrado por el portal de casa". Después de que este vecino diera su permiso, el camión descargó en este terreno la madera. Una vez descargados todo estos kilogramos de leña, Casal, con la ayuda de su motosierra, troceó uno a uno los troncos y Dolores, con la ayuda de una carretilla, los fue trasladando al jardín de su casa. Esta asegura que "menos mal que era cuesta abajo y la carretilla iba sola, porque si no no sería capaz. "Había troncos inmensos que pesaban verdaderas toneladas", dice.

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Una vez despejada la finca limítrofe y repleta de madera su era, Adolfo fue, poco a poco y sin la ayuda de ningún tipo de maquinaria, picando todos estos troncos con la ayuda de su arma especial: un hacha confeccionada por él para la ocasión. Esta herramienta le facilita, y mucho, su trabajo al picar por un lado y golpear por el otro a modo de martillo, según explica el propio leñador estradense.

Adolfo es un hombre de riesgos. No es un jubilado al uso que dedica su tiempo a jugar a las cartas en la taberna con los amigos. A él le gustan la aventura y el riesgo. En diciembre, a pocos días de finalizar el año, Casal subió por una escalera que tenía apoyada a un árbol en una finca cercana a su casa para cortar algunas ramas de un roble que le hacían sombra a los pinos, impidiéndoles crecer. En su intento por llegar a la cima, los pies le resbalaron y cayó de una altura de 5 metros. Su mujer, confiesa que a pesar del duro golpe, "Adolfo recogió la escalera y se vino para casa como si nada. No fue al ambulatorio hasta pasados tres días. Una vez allí lo mandaron al hospital, donde le dijeron que tenía una vértebra rota", asegura. Tuvo que permanecer cuatro días ingresado. Dolores afirma que "volvimos a casa el día de fin de año a las 22.00 horas. Pero no pudo tomar ni las uvas porque no podía comer".

Adolfo es un hombre duro. Los golpes no frenan su vitalidad ya que asegura que, al acabar de picar la poca leña que le falta, y una vez bien colocada en el "alpendre", ya tiene pensado otro trabajo. Confiesa que "tengo una finca aquí cerca en donde está creciendo bastante maleza y iré a desbrozarla".

Su mujer, destaca sobremanera el mérito que tiene su marido al realizar tremenda hazaña con 78 años de edad. Para él esto no es más que un número y no supone ningún tipo de impedimento. Este ya retirado carpintero lleva la madera y su corte en las venas y confiesa que para él "no es más que un entretenimiento, una diversión". A la pregunta de si repetirá en más ocasiones la respuesta está clara: "por supuesto". Casal afirma que "había comprado leña para trocear en otras ocasiones, pero no tanta". Pero a esto añade: "
estoy contento porque de esta forma ahorro dinero y el resultado rinde mucho más".

A pesar de que solo ha tardado un mes en realizar esta ardua tarea, Adolfo asegura que se lo tomaba con calma. "Por la mañana me levanto tarde y por la tarde, espero a que no haga mucho calor". El matrimonio calcula que el montón de leña les durará "dos o tres años" ya que además de una "lareira" y una cocina de hierro tiene calefacción. Pero, sus hijos ya les han avisado de que vayan preparando las brasas para hacer churrasco.

El montón de leña asombra a todos sus vecinos

Dolores Crespo, la mujer de Adolfo, asegura que todos los vecinos están asombrados con el trabajo de su marido. Muchos de ellos se han acercado hasta su casa para ofrecerle maquinaria que le facilitaría su trabajo. En cambio, este veterano leñador reniega de ningún tipo de artilugio ya que considera que " aparte de ser peligrosos dan más trabajo". Son muchas las personas que llaman a su puerta con curiosidad. Dolores comenta que "el otro día estuvo aquí un chaval de San Sebastián e intentó picar un tronco pero no fue capaz". Este es algo que ensalza más el trabajo de Adolfo, porque a pesar de no se un hombre muy fuerte, aparentemente, tiene la maña y la dedicación suficiente para picar, sin aparente esfuerzo, toda esa leña. Su mujer asegura que está rejuveneciendo. "Incluso le han desaparecido la mitad de las arrugas que tenía", afirma.


FUENTE: Faro De Vigo
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