Cómo cagar en el monte

lunes, 22 de octubre de 2012 en 10/22/2012 03:00:00 p. m.
La acumulación de detritos en las zonas de escalada más frecuentadas se ha convertido en un gran problema. La falta de educación y concienciación de muchos no solo está suponiendo el cierre de zonas debido al enfrentamiento con las autoridades ambientales y la población local, sino que supone un riesgo para la salud y puede generar graves alteraciones al ecosistema.

Se echan en falta algunas materias –relacionadas con normas básicas de convivencia y respeto por el medio sobre todo– en la formación de montaña, tanto de técnicos como en los de perfeccionamiento e iniciación. Dónde evacuar y qué hacer con el resultado debería ser una asignatura obligatoria en todos los cursos de actividades que se practican en la naturaleza (barrancos, senderismo, escalada, BTT...), los rocódromos podrían concienciar a sus socios de este problema y cualquier salida dirigida tendría que hacer mucho hincapié en la cuestión escatológica.


En las mejores condiciones una mierda humana tardará más de un año en desaparecer, algo más el papel y no hablemos de toallitas, compresas, tampones o pañales. El efecto visual y aromático evidentemente resulta muy desagradable (y ha sido causa del cierre de algunos sectores), pero las consecuencias sanitarias y ambientales son las especialmente preocupantes.

Giardia, un incómodo inquilino

La giardiasis es una enfermedad relativamente nueva que puede contraerse al beber agua infectada por depósitos fecales. Sus síntomas –diarreas, vómitos, dolores abdominales…– se padecen de 7 a 20 días y, aunque no resulta mortal en adultos sanos, puede incluso volverse una enfermedad crónica. Los que la padecen (en ocasiones sin síntomas) son transmisores. Cuando las heces llegan al agua, comienza el peligro de propagación e infección. El protozoo puede sobrevivir en el agua durante meses, sobre todo en aguas frías, y su proliferación dependerá de la estación del año y de la región.

El impronunciable Criptosporidio es otro protozoo con efectos parecidos a la giardia, que se transmite de la misma forma –fecal-oral– y también sobrevive en el agua (incluso al cloro).

No vamos a hablar ahora de la necesidad de purificar el agua que bebemos ni de cómo hacerlo, pero sí de cómo evitar en lo posible la expansión de estos malditos bichos, causantes no solo de enfermedades en humanos y animales, sino también responsables de graves alteraciones en los ecosistemas.

¿Por qué hay que enterrar la mierda?

Básicamente porque se acelera la descomposición de las heces y se evita la contaminación de acuíferos. Cuando hacemos un agujero y enterramos la caca, evitamos que los organismos causantes de enfermedades se propaguen (por ejemplo al pisar el pastel involuntariamente, o al rebozarse algún animal en ella –hay perritos con esta sana costumbre...– o mediante los insectos), y que acabe en aguas torrenciales y de allí en ríos, lagos, embalses... No hace falta hacer un pozo de petróleo; lo más eficaz para su degradación será enterrarlas a 20 cm del suelo. Si remueves con un palo el regalito y lo mezclas con tierra acelerarás el proceso de descomposición.

También es muy importante no defecar en lechos secos, ni en zonas inundables ni cerca de cursos de agua (por lo menos a 60 m), y mejor cavar en terrenos secos. En climas con temperaturas bajo cero permanentemente, debido a la inexistencia de actividad bacteriana, directamente la recomendación es llevarse la mierda de allí.

Por supuesto, el papel higiénico (y las toallitas, compresas...) hay que llevárselo para tirarlo en la basura. No lo entierres ni tampoco lo quemes; se han producido incendios por hacer esto, un ejemplo: el fuego que arrasó 13.000 hectáreas en las torres del Paine fue provocado por un excursionista que quemó su papel. Llévatelo contigo en una bolsa y tíralo cuando encuentres un contenedor.

La orina, salvo problemas de olor, no parece que cause tantos problemas como las heces. Aunque, si todos elegimos el mismo sitio para miccionar, podríamos provocar alteraciones químicas en el terreno.

Las herramientas del enterrador

Si no lo haces ya, hay que añadir en la mochila un nuevo artilugio: una palita o una pequeña azada para cavar. Existen unas palas plegables en acero inox (las comercializadas en EE.UU. como U-Dig-It) que, extendidas, miden poco más de 20 cm (12 plegadas) y no pesan más de 200 g, además suelen venderse con una funda de nailon. Puedes encontrarlas por algo menos de 10 euros (si quieres la auténtica y genuina U-Dig-It prepara 20 dólares más gastos de envío). La Casa Sea To Summit comercializa en España la iPoood, una pala ligera dirigida a este fin y que cuesta unos 31 euros.

Añade unas cuantas bolsas con cierre estanco (van muy bien las que venden para congelar alimentos), para guardar el papel y otros residuos. ¡Que no se te olviden en el macuto!

FUENTE: Desnivel
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